Sumisión

Jackson, el Palote, a sus 27 años y su 170 cm, es un hombre forjado en la calle, con varias entradas a la cárcel por problemas de drogas, es un despiadado distribuidor y con varios camellos a su servicio en la zona sureste de Caracas. En la cárcel se hizo con su fama de hombre cruel y a quien no se le podía negar nada, pero también le había cogido gusto a follarse a otros hombres como muestra de su poder y como un desahogo sexual fácil. Pocos se habían negado a sus deseos, el precio que tuvieron que pagar por esa decisión había sido alto e implacable. 

Su sobrenombre, el Palote, se debía a su descomunal polla de 21 cm, de la que nadie nunca olvidaba, una vez que la sentían dentro del culo… tampoco lo olvidaban por la cicatriz de su cara, producto de una pelea en prisión.

Hace 6 meses El Palote tenía la urgente necesidad de un contador y secretario de confianza para llevar sus “negocios”. Su hermana le envió a un vecino, Carlos un hombre divorciado de 36 años y 1,80 cm de estatura, con su barba y su cuerpo peludo bien cuidado. Fue a la entrevista de trabajo muy temprano y Jackson se estaba apenas despertando. Lo hizo pasar para conversar antes de entrar a ducharse, por lo que sólo estaba con una minúscula toalla. Lo primero que el aspirante a contador noto, fue la enorme polla que se asomaba por fuera de la toalla, mientras El Palote preguntaba y explicaba el trabajo, Carlos no dejaba de ver la gran polla, no por sentirse atraído ya que no era gay, si no por el tamaño y simple curiosidad. Hasta que Jackson se percató que el aspirante al trabajo le veía la polla repetidamente su lado depredador salió a flote, se paró del banco donde estaba y fue directamente a tocar a Carlos, este retiro la mano que lo exploraba lascivamente y le dijo: 

“Perdone señor Jackson, no soy homosexual, pare por favor!”

El Palote replicó:

“No te estoy preguntando, ¡tu calla!” “Si no te gusta, puedes irte, pero tu y los tuyos aténgase a las consecuencias!”

Su voz sonó tan autoritaria y amenazante que no dejaba duda de sus intenciones, Carlos quedó en completo shock y no atinó a decir o hacer nada mientras era manoseado y desvestido bruscamente. Jackson acercó su cara al cuerpo del paralizado visitante y comenzó a olfatearlo, olía a hombre con un perfume caro pero también sintió el pánico, por lo que supo, que ya no habría barreras para hacer lo que quisiese. Y a Carlos le había quedado bien claro que no tenía salida, que tendría sexo contra su voluntad o quien sabe que le podría pasar a él y a su familia, lo que no se imaginaba era lo que resultaría de esto.

La toalla de Palote, cayó al piso, y si la polla en estado natural era grande, parada era descomunal. La mano de Carlos fue llevada a la fuerza al gigantesco pene y obligado a masturbarlo, luego, ya sin ropa y su cuerpo habiendo sido totalmente explorado y olido, le tocaba el turno a su boca. Con un movimiento firme, lo tomó por los hombros hasta que estuvo de rodillas frente a la polla y comenzó a tratar de forzar la mamada, Carlos tuvo algo de resistencia, sentía, eso sí el olor a orine y de alguien que acababa de despertar con los sudores de la noche. Como se negaba a abrir la boca, su respiración la corto apretando su nariz y diciéndole:

“Hazlo bien, coño de madre!” “Si siento tus dientes, te irás a casa sin ellos y si vomitas, no irás a casa, irás a un basurero!”

El terror se apoderó de Carlos, el tono de las palabras no admitía equivocarse, abrió la boca y empezó a mamar con sumo cuidado. Sentía el sabor salado y el olor penetrante, pero no se atrevía a negarse. Jackson comenzó a follarle la boca con fuerza y tomando el control con sus manos en la cabeza del abusado. Debido al tamaño de la polla, estuvo varias veces ahogado y a punto de vomitar mientras salivaba copiosamente. El Palote, estaba tan excitado con su nuevo juguete sexual que se corrió muy pronto, pero no sin antes advertirle a Carlos, que tenía que tragarse todo, nada podía caer fuera de su boca … .y así lo hizo.

Una vez saciado, llamó a su guardaespaldas y mandadero. 

“Tonton, llévate a este y prepáramelo como sabes que me gusta, voy a desvirgar este culo!” “Espero que esta vez lo hagas bien, no quiero tener que recordarte a quien le debes todo” “Lo quiero preparado en mi cama en 2 horas!”

Carlos con voz de pánico y súplica atinó a decir.

“Por favor, déjeme ir señor Jackson, le juro que no diré nada de lo sucedido, pero le pido que no me haga daño, no soy homosexual, por favor, por favor!” Repetía esto último una y otra vez.

Tonton lo tomó por el brazo, sin medir palabra y lo condujo fuera de la habitación, mientras Palote fue a ducharse como tenía planeado antes de la visita de Carlos.

Dos horas después, sobre la cama había un hombre en calzoncillos, tembloroso y ansioso, con un culo limpio como nunca y custodiado por Tonton. Luego de 3 agónicas horas de espera, apareció Palote y con un gesto ordenó al guardián fuera de la habitación, se quitó la ropa y se recostó al lado de Carlos, quien estaba inmóvil y sin atreverse a mirar o decir nada. Solo escucho las instrucciones, que  más bien se oyeron como órdenes:

“Quítate los calzoncillos y empieza a mamarme la polla, y esta vez quiero que me lamas los huevos!” “Me gusta empezar así, además recuerdas que llevaré siempre las riendas de la follada, tú estás para complacerme, ¡entendiste!”

Con cara de estupor, Carlos alcanzó a murmurar lo dicho anteriormente, que no era homosexual, que le dejara ir y que no diría nada a nadie; palabras que no hicieron mella en Palote, solo hablo en tono más alto y de orden:

“Comienza de una vez, no me hagas repetirte nada!”

Y así lo hizo Carlos, comió la polla y lamió los huevos, esta vez el desagradable sabor de esta mañana a meados no se sintió. Hizo todo como se le ordenó con la esperanza que al correrse, toda esta situación pasaría y podría irse a casa y olvidarlo todo.

Mientras le mamaba, Palote le indicaba que hacer y cómo. Hasta que le dijo que le pusiera el culo en la cara mientras seguía comiendo polla y huevos. Al sentir una lengua en su ojete, Carlos experimentó un placer que no conocía y que hizo reaccionar su polla, algo que trató de ocultar, pero no podía. Luego de tener su culo bien mojado con saliva, Jackson le ordenó acostarse boca abajo y comenzó a lubricar la polla, algo que estaba por ahora hombre virgen, y comenzó a introducir poco a poco su inmensa polla. A pesar de la saliva y el lubricante, cada milímetro que entraba era una agonía, lo hacía gritar y retorcerse, pero el miedo y la autoridad de Jackson, hizo que aguantara para que la gigantesca polla siguiera entrando hasta que estuvo toda adentro. 

Carlos mordía la sábana, apretaba los puños por el dolor, mientras Palote lo embestía una y otra vez. Siguió follandolo ignorando súplicas, gritos y hasta gimoteos, por un buen tiempo, hasta que la excitación por este culo que hasta unos momentos nunca había “probado” polla, no aguanto mas y se corrió como hacía tiempo no lo hacía.

Todavía dentro de Carlos, Jackson con lo que acababa de sentir, decidió que el contador, pasaba a ser de su propiedad y se quedaría a vivir y compartir su cama hasta que el cambiara de opinión.

Carlos empezaba a recuperarse físicamente pero no anímicamente, cuando Palote , llamó a Tonton y le dio instrucciones:

“Lleva a este a casa de su madre, que recoja lo que necesite y lo traes, se muda a vivir conmigo” “Pero primero ayúdalo a limpiarse el culo y a vestirse” “Lo quiero a partir de esta noche acostado en mi cama, así que no pierdan tiempo!”

Tonton asintió con la cabeza y Carlos, aturdido por lo sufrido, aún no caía en lo que pasaría, pero a partir de esta noche todo quedaría claro.



Esposo

Era pasada la media noche cuando escuché ruidos y voces en la habitación contigua, la de huéspedes, y mi esposo, Anton, extrañamente no estaba conmigo en la cama. Sin sospechar nada en especial, me levante  y salí al pasillo, abrí con sigilo la puesta de la habitación de huéspedes de donde provenían  los ruidos y allí  estaba mi marido de 20 años disfrutando el ser brutalizado por 2 hombres.

 La sorpresa que al comienzo fue desagradable, se convirtió en curiosidad mórbida , en lugar de entrar y reclamar el engaño de mi pareja, me quede inmóvil con la puerta entre abierta y sintiendo como mi polla se ponía dura viendo a mi esposo follado por un chico menor, que le ordenaba hacer videollamadas a los amigos comunes, para que vieran como era follado, y lo sorprendente es que Anton obedecía en forma sumisa, lo que le ordenaba el joven. Reconocí la voz de un amigo muy cercano en la llamada en curso, Pero también escuché con asombro la voz de mi pareja con su interlocutor, era una mezcla de vergüenza, gozo y morbo. 
El segundo chico, que en ese momento fumaba algo en una pipa de agua, se levanto tomo por el pelo a Anton le propinó una sonora bofetada y le dijo: “Empieza a comerme y muy bien la polla , puta, para que tu amigo del móvil vea lo poca cosa que eres” ..
Oía como a mi marido lo estaban humillando, pero que el, no hacía nada para evitarlo, con el agravante que Anton tenia que llamar a amigos para que vieran como era follado en “cuatro patas” y comiéndose una polla, mientras era insultado y golpeado. Con la polla dura y con el morbo desbordado, toda la situación  me mantenían en una excitación tal por ver a mi marido abusado y humillado que tuve que dejar de masturbarme para no correrme.
En la habitación de huéspedes  la follada donde degradaban a Antón seguía, el chico que se lo follaba, le dijo que cortara la vídeo llamada que tenía en curso y que le diera el móvil. Busco a un amigo de Antón al azar y le dijo: “Llama  a este, para que vea como uso tu culo y quien es tu dueño!”. Mi marido al ver a quien tenía que llamar, dejo de mamar y le suplico que a esa persona no, que era un amigo de la infancia que vivía en New York. Las cachetadas y nalgadas que recibió por respuesta, hizo que empezara a llamar, se notaba por las lágrimas que le corrían y el gimoteo de llorar como un niño, que Anton estaba casi en el límite de hasta donde podría llegar. Sin embargo, llamó y se oyó la voz de su amigo, que le preguntó que qué pasaba, Antón con voz entrecortada y tratando de recomponerse, le dijo que lo llamaba por puro morbo, para que lo viera follar con unos amigos y compartir con el el momento. En eso, le chico que lo follaba le dio un tirón en el pelo y le dijo al del otro lado de la videollamada que no era verdad lo que decía, que lo llamaba para que viera lo perra que era su amigo y que era su puta, a lo que el otro chico le sacó la polla de la boca,  le escupió la cara y le dio una fuerte cachetada. El amigo de NY, preguntó: “Donde esta tu pareja, Elio?” Antón le dijo que dormía en la otra habitación. Luego con voz de preocupación quiso saber  si estaba bien y si necesitaba ayuda; Anton le dijo que si estaba bien y que los tres eran amigos y hacían sexo consentido, a lo que el amigo sin despedirse, cerró la llamada abruptamente, dejando a Antón totalmente humillado pero evidentemente que no pararía de follar a pesar de lo sucedido.
Tanto el chico que follaba a mi marido como el que lo ahogaba con su polla estaban en sus 30, mientras Anton ya bien pasaba los 50, aunque siempre le calculaban mucha menos edad.
Lo único que se oía en todo el chalet eran los insultos de los chicos, el ahogo de mi marido a causa de la polla, las nalgadas y tortazos, y mi respiración que delataba mi excitación, siempre en la penumbra, detrás de la puerta entreabierta. De repente, el que follaba le preguntó con sorna a Anton: “Que te parece si  llamamos a tu esposo, lo despertamos para que vea como eres nuestra puta?” Antón reaccionó con una mirada de súplica y entre lágrimas ante tal idea,  los chicos rieron y le dijeron que no lo harían pero que no lo descartaban; algo que agradecí, porque desde mi posición estaba disfrutando y tan excitado que si participaba me correría muy rápido.
Los chicos intercambiaron posiciones, al sacarle la polla del culo la llevó directamente a la boca a Antón, el hizo un gesto de rechazo pero con una nueva cachetada, y tomándolo fuertemente por los cabellos lo obligó a comerla , mientras el otro chico le metió la polla de una sola embestida, lo que hizo que mi pareja hiciera una mueca de dolor aunque el gemido fue ahogado por tener una polla forzada en su boca.
La follaba siguió por tiempo interminable, yo no entendía como mi marido aguantaba tanto en la misma posición, tampoco las nalgadas y bofetadas,  además de los insultos, con una polla siempre en su culo y otra en su boca. El no hacia el menor esfuerzo por cambiar la situación. De repente, el chico que lo follaba le dijo que se correrían porque debía regresar a casa con su chico, pero que antes de irse quería ver a los esposos follando (el que se suponía que dormía). 
Corrí a la cama para no ser descubierto, con la polla dura, y solo oí que le decían a mi esposo, que tenia que ir así como estaba, lleno de saliva, lubricante y sudor y que me dijera que el era la perra de ellos, a lo que mi marido les rogó que no quería que me enterara, ni que participara, que me moriría de vergüenza que lo viese como la puta de ellos, no sabía que yo estaba disfrutando como nunca, como era usado y abusado. La respuesta fue otra bofetada, lo tomo fuertemente por el pelo y lo saco de la habitación, llevándolo a mi cama. Lo arrojó sobre mi,  y el chico le dijo que yo había visto todo, que sabía que estaba en la oscuridad desde que abrí la puerta, que estuve con cara de morbo mientras ellos lo usaban, que vio claramente como me masturbaba durante todo el tiempo.
Antón se acostó a mi lado sin saber que hacer, pero sintió mi excitación y en especial de mi polla. De repente, uno de los chicos le dijo: “Que esperas puta, dale tu culo abierto y lleno de saliva a tu marido!”. No espere por la reacción de mi esposo y le puse boca abajo en la cama y empecé a follarlo, sentía la mano de uno de los chicos en mis huevos apretándolos suavemente y con la otra mano separaba la nalga de Antón para que mi polla entrara más. Como pensé con anterioridad, el grado de morbo era tan fuerte que me corrí  a los minutos de estarlo follando. Apenas saque la polla del culo de Antón uno de los chicos tomó mi lugar.  El ver a los esposos follando, le hizo correrse casi de inmediato mezclando ambas leches en el culo de mi esposo, enseguida como había hecho antes, le metió la polla en la boca a Antón, mientras el otro chico empezó a follarlo. A este último le costó más correrse pero cuando lo hizo, le dio un fuerte tirón se pelo y luego ya habiéndose corrido, una bofetada y un escupitazo en la boca de mi esposo, para recordarle que era su perra..  
Los chicos se vistieron y Antón lo acompaño a la puerta, al regresar, se acostó en silencio conmigo y nos dormimos agotados, pero siempre en mi mente, queriendo  volver a ver a mi marido brutalizado.

Juan y Pablo

 Era un día caluroso de agosto, Juan y Pablo dos jóvenes marginales del barrio tuvieron una idea, una que sólo con sus16 años podría parecer buena. Decidieron saltar a la piscina de un chalet que siempre veían durante su trayecto en autobús al instituto. No resultó difícil saltar la valla,se quitaron la ropa dejándose únicamente los slips y se metieron en  la piscina,disfrutando del agua fría y olvidándose por un momento de sus penurias. Mientras se fumaban un porro oyeron  la puerta del garaje abrirse, rápidamente cogieron sus ropas y se dirigieron hacia la valla, pero esta era más alta y difícil de escalar que la de la entrada, Juan no podía  sólo y Pablo lo ayudó, el contacto de sus manos en los muslos de Juan unido a la visión del slip blanco mojado provocó una erección en Pablo.¿Qué había sucedido? se repetía una y otra vez en su cabeza, mientras se reían ya seguros al otro lado de la valla. Durante esa noche Pablo no dejó de pensar en Juan, en sus ojos verdes, su sonrisa, sus labios, si ni siquiera es atractivo, un saco de huesos en un menudo cuerpo de apenas 1,60 cm que acabó en un pajote que no terminó de  acabar con su excitación. Pasaron los días y Juan le escribió un mensaje, ven esta noche a mi casa mis padres se van 2 días al pueblo, pelis,porros y cerveza. Juan quería aprovechar esa noche para salir de dudas y para confesarle a Pablo que estaba enamorado de él. Recordar como le ayudo a bajar la valla le producía un estado de excitación y ansiedad que nunca había tenido, volver a sentir sus manos en su piel desnuda y sobretodo haber notado la verga empalmada de Pablo le había dado valor para dar el paso. Pablo le mando un simple emoticono de aceptación en cuanto acabó de entrenar,pero en la ducha paso algo que nunca había sucedido, su gran verga se puso dura como el acero, alterado miró hacia ambos lados para comprobar que no hubiera nadie, por suerte no lo había  y salió corriendo y avergonzado hacia el vestuario. Mientras se vestía se dio cuenta que el culpable de esa situación era Juan. Ellos ya se habían masturbado juntos en otras ocasiones mirando porno hetero y nunca había habido una atracción gay, pero desde el día de la piscina todo cambió. La mirada de miedo y de búsqueda de protección de Juan hizo que el malote fibrado y de1,80 cm se sintiera importante para una persona. Lo tenía claro esta noche saldría de dudas.

Pablo estaba nervioso, lo que iba a hacer no lo había hecho nunca y podría ser el fin de la amistad con Juan y de todos a los que conocía. Se tomó un par de cervezas  para hacer tiempo y coger valor. Llamó al portero automático y Juan le aviso de que estaba en su habitación. Subió las escaleras de 3 en 3 lo que tenía que hacer no podía esperar, cuando Subió los 3 pisos abrió la puerta entreabierta la cerró lentamente sin hacer ruido y se dirigió a la habitación de Juan. Estaba colocando la ropa en el armario,  Pablo abrió del todo la puerta de un golpe  y se abalanzó sobre Juan cogiéndole del cuello y lanzándolo sobre la cama mientras le indicaba que no dijiera nada.Se sentó a su lado levantándole la cabeza con su mano pero esta vez lo hizo con dulzura mientras buscaba esa mirada que había cambiado su vida y ahí estaba. Mientras Pablo estaba perdido en  su mirada Juan aprovechó su momento para darle un morreo que fue inmediatamente correspondido, tras unos breves segundos Pablo se separó y empezó a sollozar deambulando por la habitación.  Juan se levantó de la cama mientras se quitaba la camiseta y se acercó hacia él,  le susurró ,tú tranquilo y le empezó a quitar la camiseta, sus manos empezaron a recorrer todo su fibrado y suave torso bajando lentamente hacia su pantalón donde apoyó su cara en el paquete, se los bajó junto con los slips y ante él apareció esa verga que tanto anhelaba, se humedecio los labios, miró hacia arriba buscando la aprobación y las manos de Pablo en su cabeza se la dieron. Entreabrió la boca y con la punta de la lengua saboreo el glande, poco a poco fue abriéndola más hasta tenerla toda dentro,  los gemidos de los dos inundaban la habitación. Se incorporó le cogió la mano y empezó a chuparle los  dedos mientras lo guiaba a la cama, se recostaron frente a frente y metió uno de los dedos de Pablo en su culo, la respiración de ambos iba en aumento,  sus lenguas se buscaban y en el momento que Juan se sintió lo suficiente excitado pidió que lo follará pero él llevaría el ritmo que no se preocupara por nada. Juan se dio la vuelta y su culo busco la polla de Pablo, con movimientos de cintura fue encauzando la verga hasta que le indicó que apretará y al fin la sintió dentro,Pablo no pudo con la excitación  y empezó a follarle como un conejo en celo y a las 5 ó 6 sacudidas se corrió en él pero siguió hasta qué Juan se corrió también.

 

Un mundo gay muy excitante

Microrrelato El Masajista

Un día cualquiera, de cualquier día normal en la vida de una persona anónima e introvertida, el decidió salir a conocer personas de una manera diferente, llevaba mucho tiempo encerrado en su timidez, pensó que la mejor manera de abrirse e interactuar con los humanos era dando masajes tántricos, nunca lo había hecho,  quizás llegaría a explayarse y romper ese silencio que todos llevamos dentro que nos habla con pequeños susurros sinceros y atrevidos, “¡Hazlo!”

Su profesión por vocación era la física, con sus teorías y todas las fórmulas que con llevan, esta rama de la ciencia tiene muchas y las que falta por descubrir y demostrar, la física es infinita e indeterminada en algunos situaciones semejante a las personas. 

Se sentía encapsulado, quería poner en práctica la nueva teoría, el alma de la física y su cuerpo, deseaba romper su silencio interior, pensó que sus manos tenían un don, y podía trasmitirlo y conectar con otros cuerpos y llegar a tocar el alma de algún humano desconocido para conocerlo, poder relacionarse y abrirse a este mundo fatigada y estresado por las prisas y la hipocresía del desdén.

Llego el día que comenzó a dar los deseados masaje a personas anónimas y clases de yoga sin frontera, lo llamaba así porque sus alumnos mientras lo practicaban y estiraban los músculos del cuerpo para crear una distensión, alma cuerpo, lo realizaban desnudos, así la vergüenza se desvanecía por debajo de la puerta. 

Su nuevo trabajo lo ejercía en paralelo al otro, lo mantenía en secreto, ese dinero extra que le proporcionaba no le hacía falta para pagar facturas, pero corría el riesgo de que si se enterara su jefe, chafado a la antigua lo despediría, pero el riesgo valía la pena, esta vida hay que hacerla de cemento armado si no quieres que te destruyan.

Los nervios de su cuerpo corrían más rápido que la sangre por sus venas, se paró un instante en el descansillo de la habitación donde iba hacer su primer masaje, su cliente le esperaba, para los dos era la primera vez, se presentaron e intercambiaron dos besos budistas en la mejilla, le invitó a desnudarse completamente, para que el masaje fuera más fluido y levitador, los dos permanecieron sin ninguna prenda, habitaba el silencio, sus manos recorrían y se deslizaban por el cuerpo como la física cuántica y partículas de los átomos. 

La sesión duró ochenta minutos, los dos cuerpos se comprendieron hablaban con caricias y fricción, pero decidieron que por hoy era suficiente, se vistieron sin apenas soltar una palabra, se miraron fijamente por unos pocos segundos, el cliente le dejó el dinero encima de la vieja mesita de madera donde estaban la cremas hidratantes, se despidieron escuetamente con un hasta luego y gracias. 

Pero por dentro de ellos quedó algo desconocido y con hormigueo, pero en ese momento fue una anécdota nueva. Pasaron unas pocas semanas y el cliente volvió a pedirle cita porque necesitaba relajarse y salir del estrés, necesitaba sus manos mágicas y su cuerpo desnudo perfumado de su calor natural embriagador con conexión a otro planeta hegemónico. Los dos estaban esperando a volverse a ver y comprobar si la primera sesión sólo fue un espejismo en este desierto de ciudad hambrienta de encontrar alguna luz cálida. Volvieron a realizar el mismo ritual que la primera vez, desnudarse sin mediar palabra, el masajista puso música de meditación para armonizar la sesión con acordes tibetanos. Metió sus manos en el tarro de la crema de la aloe vera, estaba muy fría, la empezó a extender por ese cuerpo templado y tembloroso, sus manos calentaban la crema y se fundía por la espalda, por las piernas, como la cera de una vela que se va derritiendo por su diminuta luz, tiritaban por dentro. El masajista solapó su pecho sobre la espalda del cliente, empezó a deslizarse sobre él con convergencia, la erección se notaba en el culo del cliente como frotaba su capullo judío circuncidado por su ano, la revolución había comenzado, deslizó sus labios protuberantes carnosos por el cuello, por las orejas del cliente sin titubear, se dejaba llevar por un impulso inconsciente, luego se tumbaron uno al lado del otro apoyando sus costados en el futón, se besaron desde fuera hasta dentro, por fin se tocaron por primera vez un órgano, el órgano que palpita y bombea sangre, luego el masajista se revolvió y se tumbó encima de su cliente se enzarzaron a lengüetazos,  bocados, y retozones, el cliente intentó follarle su culo pero el masajista no se dejó, con mucha arrogancia y seguridad, el cliente le exclamó a su oído !tú y yo sabemos que vamos a terminar haciendo el amor!, hubieron unos breves y largos segundos de respuesta espontánea, SÍ. 

Sonó la alarma, esa sesión terminó de manera regresiva y se guardaron emociones para la próxima vez.

Quedaban claras algunas preguntas no hechas entre ellos, pero sí para si mismo, había física entre ambos y resiliencia.

El masajista no se dejaba dominar por ninguna adicción, quería tener el control absoluto absurdo de sus acciones y no perder el control para no salir de su camino recto de las emociones, enamorarse no estaba en su diario de abordo, periferia vivir sin sentir, para no tener que vivir con dolor.

El cliente pidió hace mucho tiempo una orden de alejamiento hacia el amor, fue cumplida satisfactoriamente.

Hay pensamientos que son independientes de nosotros, por mucho que intentes censurarlos tienen vida propia y ajena a la razón.

Llego la tercera sesión, esa habitación, ese futón estaban preparados, de los otras dos veces aún estaba caliente, olía a cuerpos mancipados, esta vez el saludo fue más próximo y ya había unas cuantas moléculas de confianza, comenzó con el ritmo de siempre pero algo más acelerado, esta vez sí que hubo la magia decisiva. De repente tocaron a la puerta con mucha prisa, era un compañero del coworking, necesitaba su ayuda porque un cliente se había desplomado por un bajón de tensión. El destino provoca muchas incertidumbres ajenas a nosotros, esta vez no quería que ese masaje se terminará hoy, quedó esperando en la sala de espera para una próxima vez.

Al viernes siguiente, el cliente le envió un mensaje a su masajista para comer con él, quedaron en las torres, el cliente llegó 10 minutos tarde, a veces unos pocos minutos de demora pueden tener un significado de nervios relevantes.

Comieron sushi y abrieron la compuerta de la conversión intimista,  después de la comida, el cliente invitó a su masajista a su casa para continuar la charla, llegaron al apartamento, estaba gélido por la ausencia de la calefacción, para entrar en calor se metieron dentro de la cama hicieron una siesta despertando la lujuria, se empezaron arrancar la ropa a jirones, ya estaba conectada la calefacción humana, empezaron a comerse a besos y a más besos por esos dos cuerpos trémulos, el frenesí les dominaba como animales salvajes en su habita carnal, si existiera el infierno estos dos arderían en el.

El masajista se montó enzima de su cliente mientras los labios seguían unidos, eran adherentes y las lenguas entrelazadas, salivaban y la saliva se mezclaba, el masajista cogió la polla de su cliente y empezó acariciase su ano con el capullo, jugueteaba y gemían, el mismo se introdujo la polla lubricada en su culo  de porteño con curvaturas perfectamente redondas, entro hasta dentro del todo, el cliente no paraba de hacer sentadillas entrando y saliendo, la polla se descapullaba con mucha facilidad en su interior, parecía que se conocían ese culo y esa polla de siempre, encajaban como un tornillo y una tuerca, sé corrió enseguida, pero el masajista no le permitió que lo hiciera dentro, le dijo quizás más adelante, cuando te lo ganes de forma legítima, le baño todo su culo con una leche recién ordeñada, estaba muy caliente casi se lo quema, luego siguieron con el forcejeo, el cliente le cogió la polla se la acariciaba, se la metió en la boca, se la introdujo toda hasta el interior de su garganta profunda, ¡que rica!, le hizo una paja, sé corrió encima de su pecho peludo, después de tanto orgasmo estaban extenuados, se abrazaron y les salió un suspiro lánguido, permanecieron cogidos dos horas sin casi pronunciar palabra, pero si intercambiaban las miradas de conjuro etéreo, los dos estaban descomulgados, por fin.

Microrrelato Lucia

Era una chiquita con cuarenta y pico años, no me acuerdo exactamente de su edad, pero siempre parecía que tenía cumplidos los dieciocho. Tenía un trapecio de vida con mucho vértigo, como su culo duro y sus piernas musculosas de tanto correr por las mañanas. Le gustaba salir hacer footing antes que el sol amaneciera, corría unos cuantos kilómetros intentando llegar a la meta, a veces lo conseguía otras se desvanecía, su meta era estar en armonía, cuerpo-mente. Su mayor logro hasta hoy, tener una buena familia que la respetaba, la quería y un puñado de amigas, cuatro y un amigo gay que la entendía como una extensión de ella y la incentivaba. 

 

Sobre todo tenía un marido incondicional que la sustentaba con su apoyo emocional y perdonándole todos sus devaneos. Su hombre estaba bien hecho, no solo por su físico escultórico, si no por inercia interna, la mayoría de los de su género deberían copiarle, por generoso, por responsable, por trabajador e igualitario. Se casó con el primer príncipe azul, que se le cruzó por su camino de juventud para evadirse de su hogar, por suerte no le salió sapo, encontrar un hombre así con esas latitudes es difícil, escasean.

 

Se había montado una falacia de vida, por fuera daba la imagen de una chica algo alegre, divertida, robusta e imbatible, con su carisma innato, no lo hacía adrede, simplemente se había maquillado demasiado para la obra de esta noche que estaba interpretando, no quería enseñar los bastidores a cualquiera, eran muy privados, uno podía imaginárselos hasta que estabas dentro. 

Hablaba a gritos porque pensaba que no la estaban escuchando y también por llamar la atención, igual que una niña, le faltaba algo de autoestima, violada por la vida, le arrancaron el amor propio en plena infancia, no había tenido un progenitor adecuado y educado, fue un malparit.

 

Yo la observaba desde todos sus puntos cardinales, cuando la miraba no me hacían falta mis gafas de cerca para ver lo que estaba palpitando en su mente, nos confesamos mutuamente, éramos almas gemelas de aura sin haber nacido del mismo vientre.

 

Bebía mucha cerveza desde la mañana a la noche, no las llegué a contarlas nunca, lo hacía para disculparse de su pasado, Lucia era mucha mujer, demasiado y una yegua salvaje con anchas caderas y muy liberal, pero las líneas rectas de la monotonía de la vida, le aburrían, le hacían saltárselas como un control de alcoholemia de la Guardia Civil cuando te detienen para hacerte un test, ella casi nunca lo pasaba, la multaban y le retiraban el carnet de la vida perfecta que marca esta sociedad tan censurable, lo hacía premeditadamente inconsciente, por esa razón necesitaba beber de vez en cuando de la aventura de un hombre que no era el suyo. Tenía dos adicciones, las cervezas y los amantes que le hacían renacer, para darle un motivo para seguir viviendo.

 

Era lasciva por conocimiento de causa, por la necesidad de sentirse arropada y valorada.

Tuvo un amante que le duró siete años, lo conoció por casualidad en un bar, los dos estaban solos, tomándose una cerveza en la barra, después de trabajar, los dos eran comerciales, el le pregunto a ella si tenía fuego, fue una excusa para poder hablarle. Ella le dio su mechero que se sacó de su bolso diminuto de imitación a piel, él le ofreció un cigarro, se salieron a fumar fuera, comenzaron a charlar del trabajo, de la presión que les ejercía no llegar a objetivos. Sus miradas se clavaban como agujas en una almohadilla de coser y pronto se perderían en el pajar de la lujuria. Él estaba casado con una mujer anodina pero con dinero.

 

Les unió el morboso sexo algo sado y a escondidas, se citaban en lugares sórdidos y alejados de la civilización. La ataba, le arrebataba toda su ropa en el asiento trasero del viejo Renault Clio, era un coche incómodo, se clavaba el freno de mano en su culo rocoso bien perfilado y sin cantos, cada vez que follaban, de ese hombre le atraía su mirada intensa, y su verborrea casposa, pero para ella era pura poesía cuando le hablaba, sentía sus palabras cómo se deslizaban desde su oído hasta su escote, al igual que su lengua cuando le lamía todo su pecho, le comía sus tetas con forma de manzana Red Delicious. La aventura extramatrimonial tenía un final, lo dejaban y volvían, discutían y eso les provocaba el morbo de terminar follando. Al final consiguió dejarlo definitivamente, era una relación cancerígena, lo bloqueo en las redes sociales y en su móvil, ella lo paso fatal fue un mal trago.

Durante un tiempo estuvo calmada, dos años de paz interior, pero poco a poco esa tranquilidad se la comía por dentro, como el óxido se come el hierro, le faltaba el aire para respirar, y el oxígeno es imprescindible para vivir.

Le llamó un viejo amigo, Fernando para pedirle ayuda, arreglarle unos papeles del trabajo y esa ayuda se convirtió otra vez en aire, oxígeno y nitrógeno, el morbazo estaba servido en la mesa. Se la follaba en la mesa del despacho, por detrás a cuatro patas sin quitarle el tanga. Ella me negaba que no iba a volver a caer en lo mismo de siempre, pero como ir en contra de ti mismo, de como tu eres, es como decirle al escorpión que no pique.

Era su energía, sus feromonas perfumadas de lujuria, lo que atraía a los hombres, y el hueco de la nostalgia de su alma deshabilitada, los encendía, los convertía en pirómanos.

Lucia no era la mujer más bella del mundo, su cara no tenía unos rasgos bien definidos, más bien redondos, con unas cejas depiladas excesivamente, ya que las tenía muy pobladas, lo mas hermoso de ella era su ojos color marrón dulces como la miel y el color de su piel bronceado natural, venía heredado de sus antepasados árabes o gitanos, nunca tuve claro su árbol genealógico. Lucia exprimía a los hombres y se los bebía a chupitos hasta no dejar ni el poso de ellos, nunca fue una ninfomana, solo disfrutaba de su coño.

 

Una noche salió de fiesta con su amigo gay, bebieron más de la cuenta, él sugirió que se quedara a dormir en su casa, compartiendo la única cama que tenía, era un invierno muy frio, la noche estaba helada, los dos borrachos, se acostaron, ella se desnudó se dejó puesto su tanga negro de encaje y una camiseta blanca de su amigo que le estaba grande, tipo camisón, el siempre dormía desnudo pero por respeto a ella se dejó puesto los calzoncillos, ella esa noche está muy frágil había llorado varias veces hablando de su infancia, le pidió a su amigo si la podía abrazar mientras dormían, necesitaba unos abrazos hogareños y sinceros, sin connotaciones sexuales, él se prestó si titubear. Ella empezó a temblar de escalofríos, era el cariño que se le metía por debajo de la piel y le acariciaba por dentro. Él le dio unos cuantos besos en la nuca para relajarla más y que encontrara la paz en el sueño, lo que consiguió fue despertar el fuego, detrás de un beso llegaron otros, el también se encendió empezó a crecerle su polla, ella la notaba entre sus entrepiernas, le quitó las bragas de manera suave, poco a poco se iban deslizando por su piernas, eso la ponía más cachonda, ella le bajó los calzoncillos, él se montó encima de ella le introdujo la polla poco a poco en su chocho depilado, fue entrado y saliendo poco a poco de su  coño, su clítores vibraba, ella gemía de placer, mientras se comían los morros, los dos se corrieron a la vez,  el orgasmo de ella fue tan fuerte que las paredes de la habitación temblaron al oír los gritos de placer. 

El le dio la ternura que ella había necesitado hace tiempo, por un momento no se sintió un objeto, se sintió una mujer amada.

Dos almas locas e incomprendidas se entendieron y se entregaron, de cuerpo y espíritu.

Ella reconoció que los hombres para ella eran consoladores pero no la consolaban 

El tuvo un sueño heterosexual, fue provocado por los devaneos de las historias de su querida amiga que le contaba.

Microrrelato Semana Santa

Me llamó un viejo follamigo, hacía tiempo que él iba detrás de mi, lo ignoraba constantemente, no era nada para mi, esa mañana llegó otro mensaje insistente de él, Viernes Santo días de crucifixiones, sermones, le dije un si rotundo, al momento sin pensarlo, realmente fue mi pene el que le contestó. Llegué a su casa a los 15 minutos, al abrirme la puerta ya le estaba metiendo la mano dentro de su viejo chándal rojo de Adidas, ya lo había visto en otras ocasiones, yo lo llamaba el uniforme de trabajo, quería saber cómo estaba su culo, si seguía igual de duro, había perdido algo de rigidez con la edad, aún estaba en su sitio. Lo traté como una puta, él lo deseaba mas que yo, me lo pedía de manera silenciosa que lo humillara eso le excitaba más y a mi me daba más morbo, la humillación es penetrante como un buen culo redondo, bien formado por nalgas duras, lo follé hasta el final con mi pene duro, lubricado, él gritaba de placer me pedía más fuerte, quería sentirme bien adentro. Él estaba a cuatro patas su espalda estaba contra mi pecho, yo lo envolvía con mis brazos fuertemente por detrás para que no se escapara, sus besos sabían a poco pero lo suficiente para calentar mi alma romántica y desconsolada por un frío invierno de amor perdido que yo había dejado atrás aún habitaba mi corazón, el seguía siendo dueño y amo total de este latifundio de sentimientos, me estaba vengando en mi interior, con un premio de consolación, me hubiera gustado que él me hubiera visto follarme a ese pobre chico, lo utilizaba como un pañuelo que sirve para limpiar las gotas del semen del prepucio después de correrte, cómo le llenaba su culo de leche caramelizada ardientemente, simplemente para darle celos, sentía que le estaba siendo infiel, esto me provocaba una mezcla de dolor y de sadismo, la humillación es generosa en placer, arrogante con muchas preposiciones y adjetivos degradantes, ¡que orgásmica es!. 

El acto duró ocho minutos, el tiempo necesario de disfrutar un polvo Fast Food, después de comérmelo, sólo dejé lo que no me interesaba de el, todo menos su culo tragón, me vestí tranquilamente, después encendí un cigarro me lo fumé sin prisas disfrutando cada calada, le tiraba el humo a su cara mientras le dije has estado genial, no has perdido entrega ni ganas, sólo flacidez, él me miró fijamente permaneció en silencio no se atrevió a contestarme, su mirada se vino abajo y aceptó otra vez lo que era para mi, un trozo de carne con un buen trasero. Cuando terminé el cigarro me despedí de él con una breve frase, nos vemos un día de estos si Dios quiere, me fui de su casa dando un portazo en la puerta y en su pobre autoestima. Esa tarde me sentí fatal por él desprecio con el que lo traté y por serle infiel a mi amor y a lo que más quiero en mi vida, la consciencia me traicionaba, me estaba siendo desleal me embargaba la cuentas de las deudas del pasado con mi destino por mis fechorías, desprecios analgésicos y traiciones. Me transformé en un lobo que quería hacer y hacerse daño, las cicatrices de luchas, peleas del pasado me habían marcado para los restos del presente,  y sobre todo del futuro.